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LAS MUERTES INTERNAS: ¿CÓMO SANAMOS CUANDO LA VIDA NOS PIDE SOLTAR?

  • 3 nov 2025
  • 4 Min. de lectura


En la vida atravesamos muertes que no siempre se anuncian con lágrimas, ni rituales. Son silenciosas, invisibles, pero igual de profundas.

 

Esas son las muertes internas, esos momentos en los que una parte de nosotros deja de existir para permitir que otra nazca. No siempre duelen por lo que perdemos, sino por lo que ya no podemos seguir siendo o lo que quedó faltando por construir.

 

He aprendido a ver estas muertes no como finales, sino como ritos de paso del alma. Es en ese transito entre lo que va y lo que permanece, desde ahí con la impermanencia como guía he aprendido a soltar, a confiar y a abrirme a lo nuevo.

 

LA RENUNCIA A LO QUE NO PUDO SER:

He soñado con caminos por recorrer, con relaciones que imaginaba eternas, con proyectos que no nacieron, y lo que me ha mostrado la vida es que esas no realizaciones también tienen su propósito.

La renuncia no es resignación, es reconocer que hay caminos que no eran para nosotros. Desde ese lugar también honrar lo que fue posible y dejar ir la expectativa de lo que no. A veces la vida pide morir a un sueño para despertar a una verdad más grande, es lo que he decidido creer hasta ahora.

Renunciar conscientemente a lo que amamos es un acto de madurez del alma, pues una vez escuché una frase: que para poderse irse de un lugar es necesario soltar aquello que se ama.

Esta es una invitación contundente a soltar el control, a deja de luchar con la corriente del río y a recordar que la perdida no es un castigo.

 

LA MUERTE DE CREENCIAS QUE YA NO SIRVEN:

Como una acción de supervivencia adoptamos creencias que se volvieron refugio, pero con el tiempo pasan a ser una cárcel.

Cada vez que cuestionamos una idea que ya no vibra con nuestra verdad, algo en nosotros muere… y lo nuevo nace.

 

Dejar morir aquello que ya no nutre es un proceso valiente y aunque nos enfrenta con el vacío, con la incertidumbre y aparecen preguntas: ¿Quién soy sin…?, ahí hay un gran poder cuando se abre una puerta para reescribir la historia con consciencia.

 

La mente puede resistirse y con seguridad lo hará, pero como siempre digo: El alma sabe el camino. Cada vez que soltamos una creencia limitante, el alma se siente más libre.

 

EL DUELO DE LA PÉRDIDA DE LOS QUE AMAMOS Y YA NO ESTÁN:

Así como hay unas muertes que son internas, hay otras que son tangibles. Personas que amamos y un día dejan su cuerpo, su voz, su presencia.

Y aunque el corazón se quiebra, el alma sabe que ese vínculo quedará por siempre, no se rompe, no muere. Solo cambia de forma.

El duelo me ha enseñado a amar desde otro lugar, desde el silencio, desde la memoria, desde los recuerdos entrometidos, desde la energía que aún está cuando cierro los ojos.

A través de esa ausencia he aprendido a acompañar la vida con más compasión.

He sido testigo de que cuando alguien muere, sin duda algo en mí también y al mismo tiempo, algo se expande, se expande la consciencia de lo eterno.

 

Todas estas muertes: Las renuncias, las creencias, los duelos, son un mismo baile, el baile de la transformación.

Morir no es desaparecer, es volver al origen, a lo esencial.

Y quizás, la mayor sabiduría de la vida es aprender a morir muchas veces sin perder la fe en nacimientos del alma.

 

Para esto, hay 3 herramientas que han sido útiles en este camino:

 

1.     Valida tus emociones: Permitir sin juzgar.

Antes de soltar es importante reconocer lo que duele. Así que dar espacio a la emoción y no borrarla es el mejor camino.

Desde la psicología humanista, validar, es decir: “Tengo derecho a sentir esto”. Llorar, enojarse o sentir vacío son movimientos naturales del alma.

Solo cuando las emociones son acogidas, dejan de pedir atención.

 

2.     Reescribir la historia: encontrar sentido al cambio.

Desde la Terapia Gestalt y las Constelaciones Familiares, sanar implica dar un nuevo lugar a lo que no fue.

Cuando una etapa termina o una persona se va, no se trata de negarlo sino de reconfigurarlo con consciencia.

Puedes preguntarte:

¿Qué me está enseñando esta experiencia?

¿Qué parte de mí nació gracias a esa perdida?

Este cambio de mirada no borra el dolor, pero sí transforma la narrativa.

 

3.     Reconectar con el presente: Volver al cuerpo.

Y esta es tal vez la que más me ha salvado en los últimos años; el duelo muchas veces puede dejarnos suspendidos entre el pasado y el futuro y es el cuerpo que nos trae al presente, a lo que sí esta vivo hoy.

Caminar, respirar conscientemente, escuchar frecuencias que armonizan son formas de recordar que sigues habitando la vida.

 

Cada muerte interna ha sido para mí una invitación a la presencia.

Aún estoy aprendiendo sobre esto, pero nada realmente se pierde, solo se transforma.

La vida muchas veces nos pide soltar para que lo nuevo entre.

 

¿Qué parte de ti esta pidiendo morir para que lo nuevo pueda llegar?

 
 
 

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